
Episode 23
Episode 123 | 45m 9sVideo has Closed Captions
Josefina tries to win Gaspar back, and Ramírez asks Eloísa to give up her plans with Gaspar.
Josefina tries to win Gaspar back, but he is straightforward with her and makes it clear that he wants to be with Eloísa. Meanwhile, Ramírez asks Eloísa to stay in Valparaíso and give up her plans with Gaspar, as he wants her to stay with him. Antonia, on her part, tries to speed up Gaspar and Eloísa's engagement so he will leave the country soon.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television

Episode 23
Episode 123 | 45m 9sVideo has Closed Captions
Josefina tries to win Gaspar back, but he is straightforward with her and makes it clear that he wants to be with Eloísa. Meanwhile, Ramírez asks Eloísa to stay in Valparaíso and give up her plans with Gaspar, as he wants her to stay with him. Antonia, on her part, tries to speed up Gaspar and Eloísa's engagement so he will leave the country soon.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch Hijos Del Desierto (Sons of the Desert)
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship[♪ música de suspenso] - Quietos.
No se muevan.
[llanto] [♪ música de suspenso] [gaviotas graznan] - Entonces van a querer los pasteles para llevar y su cuenta.
- ¿Olegario?
- ¿Sí, mi niña?
- ¿Mi papá?
- Está en la caja.
Eh, ¿qué pasteles van a querer?
- Hija.
¿Cómo está?
Llevé la maleta para su pieza, aproveché de ventilar porque la humedad en esta ciudad es cosa seria.
- No sé si fue buena idea volver a la casa.
- ¿Lo dices por lo que pasó en la mañana?
Yo te prometo que no va a volver a ocurrir.
- Vengo de hablar con mi tía.
- ¿Con Ester?
¿Y qué quería hablar ella contigo¡ ¿Te quería convencer de... que no te casaras con Caspar?
- No.
Fui yo, yo la fui a ver, y me contó muchas cosas.
Me habló de un hombre muy distinto al que yo conozco.
Un hombre que vivía de noche, en bares.
Borracho.
Un hombre que hizo sufrir mucho a mi mamá, que no estuvo ahí cuando ella lo necesitó, cuando ella murió.
Papá, por favor, dígame que no es cierto.
Dígame que es un cuento de mi tía.
Defiéndase, papá, dígame algo.
- Ojalá pudiera, hija.
Ojalá, pero no puedo.
Todo lo que te dijo Ester es cierto.
Yo hice sufrir mucho a tu madre, mucho.
La Marujita era demasiado buena para mí.
- ¿Y de qué más tengo que enterarme?
¿De qué más tengo que enterarme?
¿Qué es verdad?
¿Qué es mentira de lo que yo sé de usted?
- ¿Qué vas a hacer, hija?
- No me espere a la noche.
[♪ música de suspenso] - [Soto] Comisionado.
[llamada a teléfono] - El testigo que no llega.
Ese niño que se escapa.
Y ahora Heim.
No puedo dejar de preguntarme qué estaba haciendo Heim en ese callejón.
Si es que Cárdenas no se hubiera apurado en apretar el gatillo, podríamos tener mucha más información.
Voy a ordenar una investigación interna por ese proceso.
- No, no, comisionado.
- Nos dejó sin la oportunidad de poder interrogar a ese tipo, ¿se da cuenta o no?
- Sí.
Mire, comisionado, usted sabe muy bien que yo no confío en Cárdenas, pero si abre una investigación por el procedimiento, vamos a tener un motín en este cuartel.
- Ninguno de nosotros está por sobre la ley, Soto.
- Sí, pero si no lo mataba Cárdenas lo iba a hacer cualquier otro, pero ese tipo no llegaba vivo a este cuartel.
Esa es la manera y esa es la forma como terminan los asesinos de policías.
- ¿Me está diciendo que usted también le habría disparado?
[llamada a teléfono] - No lo sé.
No lo sé.
Lo único que sé es que... nos quitaron al mejor.
Usted... ¿vio a la novia?
La chiquilla estaba destrozada.
Estaban juntando plata para casarse.
Heim estaba lleno de vida, tenía ilusiones, sueños, proyectos.
[♪ música triste] Por Patricio Heim.
- Que en paz descanse.
- Usted váyase lo más rápido que pueda, váyase cuanto antes de acá.
Esto no es un lugar para usted ni para gente como Heim.
[golpes en la puerta] - Adelante.
- Comisionado.
Perdón por interrumpir, pero lo busca una señorita.
- Debe ser Eloísa.
Con permiso.
- Adelante.
- ¿Qué hice mal, Gaspar?
Dime, dime qué hice mal.
- Oh, está relinda la revista.
Te pasaste, Pedro, gracias.
- De nada, hombre.
¿Qué bueno que te gustó.
Me hiciste pasar un susto grande, cabro chico.
- Ya, si igual ustedes le, le pusieron color, si yo estaba bien.
- Ah, le pusimos color, ahora se hace el aniñao.
- Estabai más asustado.
- Que soi mentiroso.
- Y tú me estabai diciendo: "¡Ay, me muero, Lilo!
- Ya, soi sapo, quédate callado mejor.
- Gritabai como niñita.
- Ya, ya, ya, no discutan.
Ya, tranquilo, tranquilo, los voy a dejar un rato, voy a hablar con la doctora, ¿ya?
- Espérate, Pedro.
- ¿Ah?
- Sabí que ando doloreando una cuestión.
- ¿Qué cosa?
- Yo escuché que... que la doctorcita se va a casarse.
Con el tirapije.
Y que más encima se la va a llevársela a otro país.
- ¿En serio?
- Sí.
- Sí, algo sabía.
¿Y?
- Y, ¿y tú qué vas a hacer?
¿Vay a dejar que se la lleve?
- ¿Y qué querí que haga?
Ella es dueña de hacer lo que quiera.
Además, ¿qué te tengo que dar explicaciones a ti, cabro chico?
¿Mm?
Ya, preocúpense de la revista, aprendan cosas útiles.
¿Qué andan copuchando igual que las viejas?
- Fúchile, fúchile.
- El Pedro.
¿Oye, viste?
Yo te dije que, que el Pedrito está enamorado de la doctorcita.
- Sí, po.
Muy enamorado.
- Sí.
- Respóndeme, Gaspar, ¿qué hice mal?
Dime qué hice mal.
- Josefina, ven.
Escúchame.
No, escúchame.
- No lo entiendo.
No lo entiendo.
- No, no digas eso, tú no hiciste nada mal.
- No lo entiendo, yo de verdad pensaba que esto era un capricho tuyo y que tarde o temprano ibas a volver a mí.
De verdad.
Yo estaba dispuesta a tragarme mi orgullo y esperarte de vuelta, mi amor.
Estuvimos años juntos, años, y ahora te casas y te vas con ella.
- Tarde o temprano lo nuestro igual... - No, no.
- Sí, sí, escúchame.
Yo sé que a la larga yo no te habría hecho feliz.
- No, eso no es verdad, Gaspar.
No, tú me hacías completamente feliz, mi amor.
Completamente feliz.
Llegamos a armar una familia, ¿no?
Nos íbamos a casar, íbamos a tener hijos juntos, hijos.
Ir a Europa era mi sueño, irnos juntos era mi sueño, mi sueño, y ahora lo vas a cumplir con ella.
Esa mujer me está robando mi sueño.
- Nos vamos porque nos están haciendo la vida imposi... - No, esa mujer no es para ti, no es para ti.
Ni siquiera te conoce.
Nadie te conoce como te conozco yo, mi amor.
¿De verdad crees que eso va a funcionar?
Es una locura.
- Escúchame.
Me voy a arriesgar, me voy a casar con Eloísa, y por el bien de todos, tienes que aceptarlo.
- No, no me puedes pedir eso.
No, yo sé que yo soy infantil, ya, caprichosa a veces, un poco loca, bueno, pero te amo.
Te amo como nadie más te va a amar en la vida, Gaspar.
De verdad.
[♪ música triste] Eres hermosa.
Eres joven.
- ¿Qué importa?
¿Qué importa, Gaspar?
- Escúchame.
Escúchame.
Ya te vas a dar cuenta que mucho antes de lo que piensas vas a encontrar a alguien mejor que yo.
- No quiero, no quiero.
- Te lo prometo.
- No quiero, Gaspar.
No.
[♪ música triste] - Fue muy duro ver a mi padre así, hermana.
Completamente borracho, tirado en el suelo.
Hasta hoy en la mañana, yo estaba absolutamente segura de que mi padre era abstemio.
- Ay, Eloísa.
Me lo imagino.
- Y después viene la conversación con mi tía, me dice que mi padre era un vividor, que, que mi mamá se enfermó por su culpa.
Y que... [golpes en la puerta] - Disculpe, doctora.
No quise interrumpir.
- Adelante.
Solamente le quería agradecer todo lo que hizo por el Piojo.
- Sí, voy a ir a aprovechar de ir a verlo.
Siéntate.
- Gracias, hermana.
Gracias.
Estaba con él ahora y... bueno, uno no es doctor, pero se nota que el mocoso quedó impecable, muchas gracias.
- Sí, yo también me alegro que se haya mejorado también.
- ¿Cuánto tiempo cree usted que va a estar aquí el...?
Disculpe, doctora, ¿interrumpí algo?
- No, no, está todo bien.
- Mire, no me quiero meter, pero... venía caminando y escuché la conversación sin querer.
Doctora, quizá hay algunas cosas de su padre que usted debería saber.
- ¿De mi padre?
¿Qué sabe usted de él?
- Hartas cosas.
Muchas más de la que usted piensa.
[♪ música de suspenso] ¿Cómo es eso?
¿Qué sabe usted de mi papá?
- Su padre trabajaba en el Victoria.
Ese era un club nocturno que quedaba en la subida a Ecuador.
Era el boliche donde se juntaban todos los choros del puerto.
Ahí su padre era el barman y además entretenía a la gente.
- Entretenía, ¿cómo la entretenía?
- Cantaba.
Boleros, tango, milonga, Siempre bien pinteado, doctora.
Siempre muy elegante.
Bueno, y se comenta que cuando murió su madre, su padre quedó devastado por la culpa de no haber podido hacer nada.
Cualquier otra persona en su lugar se hubiese hundido, pero su padre no, doctora.
Su padre tenía una razón para seguir viviendo, una niña.
Una mocosita a la que él tenía que seguir cuidando.
Y esa mocosita es usted, doctora.
Pasó el tiempo, su padre dejó el alcohol, quiso enrielar su vida y como ningún banco le quiso prestar plata, se tuvo que encariñar con Eloy para abrir el Colonial.
Como prestaba plata el Eloy con intereses imposibles de pagar, finalmente se terminaba quedando con los negocios de la gente, pero con su padre no pudo.
No.
Su padre pagó sagradamente todos los días, doctora.
- ¿Cómo sabe usted todo eso?
- Bueno, porque yo en esa época le hacía los encargos a Eloy y más de alguna vez tuve que ir a buscar el sobre con plata donde su padre.
Yo, yo era un niño.
Lo que usted me cuenta no borra el hecho de que mi padre era un vividor.
- Sí, eso no lo borra y su padre sigue siendo un borracho y un vividor, y quizás tuvo culpa en la muerte de su madre, pero el hombre del cual estoy hablando también de su padre.
Un hombre que se sacó la cresta, que luchó para sacar adelante a su mocosita.
Y resulta que esa mocosita ahora es nuestra doctora, a la que no le importa ni el apellido ni la plata que tenga la gente para atenderla.
- Yo solo cumplo con mi deber.
- No, no, Eloísa.
Usted hace mucho más que eso.
Usted trae luz y esperanza a estos cerros.
Sí.
Sin usted el piojo y la Gato estarían bajo tierra, yo lo sé.
No se olvide nunca, doctora, de agradecerle a ese hombre que tanto la cuidó.
Permiso.
[♪ música triste] - ¿Te vas a quedar un rato?
Una copita, que sea.
Una, una copa.
- No.
No, lo que menos necesita es seguir tomando, tienes que descansar.
- Ay, tan correcto que eres Gaspar.
Amo y odio eso de ti.
- Ya basta.
- Un beso.
- Josefina, basta.
Suficiente, basta.
Para, Josefina, por favor, basta.
- Tú no sabes lo que estoy sintiendo ahora.
Cuando te toque a ti, cuando esa tipa te rompa el corazón, ahí te vas a dar cuenta.
- Estamos llegando a tu casa, por favor, compórtate, porque no quiero tener problemas con tu papá.
¿Ya?
[suspiro] - Buenas noches.
Buenas noches.
- Buenas noches.
Que les vaya muy bien.
[♪ música tranquila] - Perdóname, hija.
Perdóname.
- Ya pasó, papá.
Pasó.
- [Cornellius] Hija, ¿no te da vergüenza andar borracha por las calles?
- Papá, no te tengo por qué dar explicaciones.
- Soy tu papá, me tienes que dar toda la explicación... No, te, no, déjame eso acá.
- No, eres un traidor, eso eres, no.
- No, no, pa-pasa.
- Y tú, Gaspar, también eres un traidor.
- No sigas tomando.
¡Qué asco!
Los hombres son todos iguales.
¡Qué asco!
- Josefina, no sigas tomando, hija, ¡Josefina!
- Bueno, ya cumplí con traer a Josefina, con permiso.
- No, no te vayas, tengo que hablar contigo.
- No, no creo que nosotros dos tengamos algo... - Estuve leyendo el diario, ¿tú sabes que rompiste un récord?
Batiste un récord.
- Al grano, por favor.
- Eres el peor policía que ha tenido Valparaíso en toda su historia.
Llegaste diciéndole a todo el mundo, gritando a los cuatro vientos que iba a terminar con el crimen, ¿y qué lograste?
A Pedro Ramírez empoderado como dueño del puerto completo, y a este pobre niño, un mártir, el chico este que recién entrado a la policía, bravo, te felicito, maravilloso.
¿Y qué haces?
Salir corriendo.
Te vas a casar con esta niña que sin duda tiene muchísimos más ******* que tú y es más inteligente que tú, por lo tanto, pronto se dará cuenta que eres un imbécil y te va a dejar, y cuando eso pase, vas a volver con la cola entre las piernas a tocar la puerta de la casa de tus papás, pero no lo vas a poder hacer porque no va a haber casa y no va a haber puerta porque tus papás va a estar en la ruina, y en ese momento te vas a tener que rascar con tus propias uñas, pero no lo vas a poder hacer porque eres un pituco, un niñito bien criado en colegios bien de Valparaíso.
- Creo que ya escuché... - Te vas a morir de hambre y cuando eso pase ni por un segundo se te cruce por la cabeza acercarte a mi hija.
Yo no doy segundas oportunidades, ahora te puedes ir.
Yo me voy a ir de Chile lo antes posible, sí, pero antes voy a resolver algunos casos que están abiertos.
Uno de esos es el extraño robo a su naviera.
¿Se acuerda?
Le pregunto si se acuerda, porque finalmente nunca hizo la denuncia para cobrar los seguros.
Extraño, ¿no?
Ese joven mártir estaba a cargo de esa investigación y por respeto a él me voy a encargar personalmente de terminarla.
Así que, que no le sorprenda si lo citamos a declarar.
Ahora me voy.
[♪ música de suspenso] Patricia, ¿ha pasado algo?
- ¿Lo supiste?
- ¿Qué cosa?
- Mataron a un tira.
- ¿A un tira?
- Sí.
- ¿Estay segura?
- Todo el mundo está hablando de eso aquí.
- Peineta.
- ¿Qué pasó?
- ¿Cómo que mataron a un tira?
- Así es, Pedrito, despacharon al tira Heim.
¿Lo ubicai?
- El jovencito.
- Ese mismo, dicen que fue Joselito.
- ¿Joselito?
¿Y lo agarraron?
- ¿Qué creí tú?
Le pusieron el pijama de palo al tiro para que quedara bien claro el mensaje, de que aquí no se pueden meter con los tiras.
- Es raro, porque Joselito era un choro antiguo, él sabe perfectamente qué hacer y qué no hacer.
- Quizá en qué andaba metido.
- Anda a averiguar si encontrái algo, parte con las chiquillas con la que cafichaba y después seguí con sus compadres.
Y dile al negro que te ayude, a ver si no anda con la maña el hueón.
- Ya, Pedrito.
- Osvaldo, tírame un cortito.
- Pedro.
Ven, apúrate.
- ¿Qué pasó?
- Acompáñame, porque hay algo raro ahí adentro.
- ¿Qué cosa?
- Ven, ven.
- Ya, Gato, ¿qué cresta pasó?
- Na, po, que ahí adentro hay una cuestión superrara.
- ¿Qué, estuviste tomando ya?
- No, Pedro.
Ven a ver, ven.
Ay, mira, mira.
Mira cómo se mueve, ¿viste?
¡Ay!
¿Qué será?
¿Un espíritu?
- ¿Cómo va a ser un espíritu, Gato?
Es un guarén.
¿Cuántas veces les he dicho que no coman en la pieza?
- No, si es un espíritu.
¿Qué vai a hacer?
Ten cuidado con eso, Pedro, no le peguí fuerte.
- Toma.
- Ten cuidado.
- Ya, tranquila.
- ¡Cuidado!
- Tranquila.
[ladrido] - ¿Y esta cagá chica de dónde salió?
A ver.
¿Y tú?
[ladridos] - Estaba botado en el puerto, po, o en la Caleta Abarca estaba botado y solo.
Mira la carita de cholo que tiene.
Hola, papito.
[risa] Míralo, míralo.
Me acordé que hace rato que no teníamos perro, ¿ah?
Lo traje, tómalo, tómalo, Pedro, tómalo.
Si es lindo.
- Venga, venga pa'cá, a ver.
A ver.
Gato.
Oh.
- ¿Viste?
Cree que soi su papá.
¿Cómo voy a ser su papá?
- Eso, eso dice.
Eso dice.
[risa] - A ver.
Míreme.
Oh, qué lindo.
[♪ música alegre] - Yo hace mucho tiempo que quería contarle de mi pasado y... de quien había sido yo, para que se enterara por mí y no de boca de quién sabe quién.
Pero... me dio vergüenza.
Me dio vergüenza y miedo.
Miedo de que dejaras de quererme.
- Pero, papá, ¿cómo dice eso?
Yo podré enojarme con usted, pero jamás, jamás podría dejar de quererlo.
- Eres tan generosa, hija, te pareces tanto a tu madre.
- ¿Y cómo se enteró de lo del café y del préstamo de ese hombre?
- Helena, ella, ella, a ella se lo contaron.
- ¿La monjita?
- Sí.
- Chismosa, la gente, ¿ah?
Mira, quiero mostrarte algo.
Yo, desde que tienes siete años que yo he estado depositando en una libreta.
No es mucha la plata, pero... Para ti, para tu viaje, para que lo ocupe y lo que sea.
Esta plata es tuya, hija.
- Papá, yo he estado pensando en el viaje, en todo lo que va a implicar, y no, no es un buen momento para irme.
- ¿Está hablando en serio?
- Sí, sí, papá.
Quizá nos apuramos mucho con Gaspar.
- Pero yo lo veo muy bien, tan entusiasmado, tan decidido.
- Bueno, me gustaría que usted estuviera mejor.
- ¿A qué te refieres?
- Papá, lo digo por su recaiga.
- Yo no soy un alcohólico, hija.
- Usted no tiene nada que ocultarme, nada de que sentirse avergonzado tampoco.
Yo estoy aquí para ayudarle en todo.
- Hija, es verdad, yo, yo, yo fui muy bueno para el trago, pero eso pasó hace mucho tiempo, hija.
Ahora no, yo, yo, yo estoy, yo estoy recuperado.
- Papá, yo soy médico, sé cómo son estas cosas.
- Tú no puedes, no puedes jugar con tu futuro.
Ni por mí ni por nadie.
Y si tú estás feliz, aunque sea en la China, yo voy a estar bien.
Mira, te lo prometo, te lo prometo, por ti, lo prometo por la memoria de tu madre, que yo voy a estar lejos de la botella.
Ahora, prométeme tú que vas a seguir con lo de tu viaje.
- Está bien.
- Se lo prometo, papá.
[♪ música triste] - Ya, Gato, déjate.
Déjame dormir.
[risa] - Gato, ¿qué estay haciendo?
¿Cómo se te ocurre meter el perro en la cama?
[risa] - Ay, que te poní pituco.
¿No te acordáis cuando éramos chiquititos y dormíamos con los perritos?
- Sí, pero ya no somos chicos, Gato.
¿Cómo se te ocurre?
- Es muy calentito.
Yo te doy amor.
Tenemos que ponerle nombre.
- ¿Tenemos no será mucha gente?
El perro es tuyo, pónselo tú.
- Tú tienes cara de blanquito, blanquito como un copito de nieve.
Como un copito... ¡Copito!
- ¿Ah?
- ¡Copito!
- No, ¿cómo se te ocurre ponerle Copito al perro?
- ¡Copito!
- No, hay que ponerle un nombre que imponga respeto, como ese perro que teníamos cuando éramos chicos, el capitán Prat, un nombre así.
- No le podemos poner Capitán Prat, el capitán Prat era el capitán Prat, y este es Copito.
A ver.
- ¿Qué pashó?
- A ver, tú tienes cara de llamarte Tarzán.
Así te vas a llamar, Tarzán de los monos.
- Oye, ¿no es mío el perro?
- Sí, pero es parte de la banda, no le podemos poner Copito, no se puede llamar así.
- Me estai escupiendo... - ¿Qué pasó, hombre?
Qué pasó?
- Sí, estuve tirando lenguas como me dijiste, te traigo noticias.
- ¿Qué pasó?
- ¿Sí?
El tira que mataron, estaba investigando la muerte de Anselmo.
[♪ música de suspenso] - Buenos días.
- Buenos días.
- ¿Así nada más?
Ni siquiera te vas a gastar en inventar una excusa para no llegar a dormir.
- Ay, no, Antonia, no quiero empezar el día discutiendo contigo, no.
- Eres un descarado.
Antes por lo menos inventabas excusas.
Hay un hombre esperándote.
Un detective privado.
[♪ música tensa] - Buenos días, señor... - Olivares.
Diego Olivares.
- Dígame, ¿en qué puedo ayudarlo?
- Verá, Sr.
Sanfuentes, estoy investigando el asesi... - Discúlpeme, Sr.
Olivares, haga como que no estoy, vengo a buscar un libro, y no se preocupe por mí, no tengo secretos con mi marido.
- Como le decía, estoy investigando el asesinato de don Anselmo Brito y me gustaría hacerle unas preguntas, en su calidad de presidente del Círculo de oficiales en retiro.
- Yo me imagino que usted... - Discúlpeme.
Usted es un investigador privado, si no me equivoco, o sea, no pertenece al departamento de policía, ¿verdad?
- Efectivamente.
- ¿Y por encargo de quién está haciendo esta investigación?
- Estoy investigando por encargo de mi cliente.
el señor Pedro Ramírez.
[♪ música de suspenso] [♪ tambores] [♪ música fúnebre] - ¿Habían matado antes a un tira en el puerto?
- Nunca.
- ¿Cómo es posible que en el puerto los delincuentes maten a un policía?
- [mujer] No, es verdad.
- ¿Qué queda para el resto?
¡El puerto está más inseguro que nunca y nadie hace nada!
[clamores] - ¡Queremos justicia!
- ¡Ya!
Por favor, por favor, tranquilidad, tranquilidad.
De verdad, calma, calma.
Calma.
Nosotros, nosotros somos los primeros en entender lo que ustedes sienten.
- ¿Por qué nadie nos escucha?
- Tranquila, tranquila.
Hoy le despedimos nuestro primer mártir de la Policía Nacional de Valparaíso.
Un, un muchacho joven, trabajador y leal.
Un... Un muchacho lleno de sueños, venido de provincia del sur de Chile, y que estaba a pocos meses de casarse con su desconsolada novia que hoy está aquí con nosotros.
Un detective con, con un gran futuro muerto en manos de un rufián.
Pero nosotros queremos hacer cosas para eliminar la delincuencia, pero estamos con las manos amarradas.
¿Por qué, señora?
¿Por qué, caballero?
Porque los políticos no están a la altura del desafío.
[clamores] Pero tengan la seguridad, tengan la seguridad de que Patricio Heim y la muerte de él no será en vano.
Y en su nombre vamos a eliminar la plaga de la delincuencia ocupando todas las herramientas de la ley y el estado de derecho para barrer el crimen de las calles de nuestro puerto.
[aplausos] - Muchas gracias, Cárdenas.
- Todos queríamos mucho.
Por favor, que continúe el cortejo.
[♪ tambores] [♪ música fúnebre] - Como le decía, mi cliente es el señor Pedro Ramírez quien tiene un especial interés por dilucidar el asesinato de don Anselmo Brito.
¿Ustedes conocen a Pedro Ramírez?
- Lejanamente.
- Estábamos esa noche del asesinato.
Quedamos todos en shock.
Gregorio.
- ¿Mm?
- Detective, ¿un cigarrillo?
- No, muchas gracias.
- Eh, ¿se ha sabido algo de la investigación?
- Permítame, por favor.
- Ah, muchas gracias.
¿Algún sospechoso?
- Como es de público conocimiento, la víctima estaba trabajando en la gala y fue asesinado con un arma blanca larga similar a la que ocupan los oficiales, los sables.
Lo que convierte a todos los oficiales presentes en posibles sospechosos.
- A ver, discúlpeme, discúlpeme, suponer que hay un oficial naval involucrado en este crimen es desconocer los valores de las Fuerzas armadas y una falta de respeto, por lo demás.
- Gregorio, por favor, el señor está tratando de hacer su trabajo.
- Bueno, pero ese trabajo ya lo está haciendo el departamento de policía, no entiendo por qué se necesita un detective privado.
- ¿Usted se refiere al cuerpo de policía dirigido por su hijo?
- Sí, sí, exacto, ¿por qué?
¿Hay algún problema?
¿Qué, el departamento de policía también está bajo sospecha?
- No, yo no estoy diciendo eso, Sr.
Sanfuentes, yo solamente estoy constatando un hecho.
- Mire, señor Oliva.
- Olivares.
- Bueno, Oliva, Olivares, da igual, si tiene alguna pregunta que hacer, hágala, pero no deslice sospechas infundadas.
Créame, soy un hombre muy ocupado.
- Mire, señor Sanfuentes, más que una pregunta, es una petición.
- A ver.
- He solicitado infructuosamente a la Marina una lista completa con los oficiales presentes esa noche en la gala y pensé que usted con sus influencias podría ayudarme con eso.
- Por supuesto que sí, detective.
Gregorio lo va a ayudar.
- Muchas gracias, voy a dejar mi tarjeta.
- Muchas gracias.
este ¡Ester!
Acompañe al señor a la puerta, por favor.
- A propósito de los valores de nuestras fuerzas armadas, no sé si usted lo sabe, pero el señor Anselmo Brito era un sargento en retiro del Ejército, un hombre condecorado y con una hoja de servicio intachable.
Hasta luego.
Hasta luego.
- Por acá.
¿Qué fue esa actitud imbécil, Gregorio.
¿Tú crees que haciéndote el altanero ese hombre va a confiar en ti?
- Estoy cansado de que cualquier patipelado venga a cuestionarme aquí, a mi casa.
- ¿Pedro Ramírez sospecha de nosotros?
- No, no, no tiene por qué.
- Entonces, ¿por qué mandó a ese hombre?
- Bueno, ya lo escuchaste, porque soy el presidente del Círculo de oficiales en retiro y quiere una lista.
- No, Gregorio, no subestimes a Ramírez.
Ese tipo es astuto, no va a parar hasta encontrar a Gaspar.
Me da miedo.
Y tú también deberías tenerlo.
- ¿Qué vas a hacer?
- Voy a conseguir que Gaspar salga lo antes posible de este país.
[♪ música de suspenso] - [mujer 1] Cuidado, que está muy caliente.
- [mujer 2] Gracias, m'hijita.
- [niña] Yo quiero.
Yo quiero, yo quiero, yo quiero.
- [Gato] ¡Copito!
- [niña] Yo quiero.
- Tranquilos, si alcanza para todos.
- Copito.
Copito.
Negro, ¿hai visto al copito?
- No podí llamarlo así.
- Ay, el Pedro me dice lo mismo, pero tiene cara de Copito, no tiene cara de Tarzán.
- Bueno, ahora puede ser, va a crecer, vai a tener que ponerle un nombre que imponga respeto.
- Bueno, lo hai visto o no lo hai visto?
- Me da pena verte así.
- ¿De qué estai hablando?
- Trajiste el perro para jugar al papá y la mamá con el Pedro.
¿Creí que no me doy cuenta?
- Ya estay hablando hueás, Negro, ya.
- No son hueás.
- ¿Sabí qué es lo que me da más pena?
Es que después vai a terminar sufriendo.
El Pedro no es un hueón malo, pero no es como nosotros dos, nosotros somos puracalle.
Esto es lo que conocemos, esto es lo que queremos.
[ladridos] Pero al Pedro no le basta con todo esto.
Tiene mil cosas en la cabeza.
Tampoco le basta contigo.
¿Qué me mirai así?
Si no te digo esto pa hacerte sentir mal.
Pa que te dí cuenta nomás, tengai cuidado y no andí llorando después.
voy a estar adentro.
- Ya.
Negro.
Ándate a la ******.
[♪ música triste] ¡Copito!
- Perfecto.
- ¿Quiere algo para acompañar su té?
¿Un trozo de torta Reina Victoria?
- No te molestes.
- Bueno, usted dirá, señora Antonia.
Lo primero que vamos a hacer es dejar el "señora" de lado, Neftalí, vamos a ser familia.
- Sí.
Lo que pasa es que yo jamás pensé que una persona de su posición iba a aceptar la unión entre su hijo y mi hija.
- Bueno, los tiempos cambian y nosotros los viejos tenemos que aprender a aceptarlo.
- Es verdad.
Es verdad.
- Bueno, además que Eloísa, una chiquilla maravillosa.
Se robó mi corazón.
Hiciste un gran trabajo con ella, te felicito, Neftalí.
- Muchas gracias, usted no sabe lo importante que son para mí sus palabras, señora Antonia.
Perdón, perdón.
- Antonia.
Gracias.
- Antonia.
Antonia.
Ahora, si me permite, yo sé que esto este matrimonio no es lo que usted soñaría para su hijo.
Además, quieren hacer todo tan rápido, es como si estuvieran arrancando.
- ¿Te puedo contar un secreto?
- Por supuesto.
- En este momento, lo único que me importa es que ellos sean felices.
Tenían razón.
A este puerto no le gustan los cambios, la gente es... clasista.
Es... - Prejuiciosa.
- Prejuiciosa.
- Y muy conservadora, también.
Sí, tiene razón, tiene razón.
- Por eso, porque tenemos muy poquito tiempo, creo que sería bueno que nosotros empezáramos con los preparativos del matrimonio.
Pensé que podías ir tú y Eloísa a mi casa, y ahí, junto a Gregorio y Gaspar, bueno, ultimar los detalles.
- Esa visita de estilo, dice usted, Pero la tradición dice que son los padres del novio los que vienen de visita a la casa de la novia.
- ¿Tú dices que nosotros vengamos para acá?
- Sí, es lo que la tradición manda, ¿no?
Y yo estaría muy orgulloso de recibirlos a ustedes aquí en mi casa a almorzar.
- Es una excelente idea, Neftalí.
[risa] Sí, por supuesto.
- Ya, no se hable más, entonces.
Y usted ahora me va a tener que aceptar un trozo de torta Reina Victoria, permiso.
[♪ música de suspenso] - Bonito discurso, Cárdenas, hasta el Peineta se emocionó.
- Se me pusieron los pelos de punta, iñor.
- Sí, pues, hay que seguir poniéndole el hombro.
¿Qué pasa, Ramírez?
- Claro, poniéndole el hombro para limpiar las calles de nuestro querido puerto, ¿no?
Dime la firme, hueón.
Los dos sabemos que Joselito era un infeliz, pero jamás, jamás sería capaz de matar a un policía.
[♪ música de suspenso]
Support for PBS provided by:
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television















